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DIOS PERDONA, BALMES NO

August 28th, 2014 | Posted by barbara in Arte - (Comments Off)

10/12/2006  La Nación

DIOS PERDONA, BALMES NO

Hace siete días, el dictador fue internado de urgencia en el Hospital Militar de Santiago por un infarto. Uno de sus más acérrimos enemigos en el mundo del arte es el hoy director del Museo de la Solidaridad Salvador Allende. Sus cuadros narran una historia que no se puede callar.

Domingo 10 de diciembre de 2006

Bárbara Morana

José Balmes no necesita presentaciones. Premio Nacional de Arte y actual director del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, este emblemático artista de origen catalán es uno de los más fervientes opositores a Pinochet. Con una camisa y un bluejeans que le otorgan un irresistible aspecto de joven octogenario, Balmes abre las puertas de su casa en Ñuñoa. Se sienta en su mítica silla de mimbre y dispara: “Yo no lo conocí nunca a este personaje que ahora se encuentra mal, me sorprende cómo una persona que esté en un estado tan grave pueda hablar con todo el mundo, es un poco raro; es, una vez más, teatro”.

La primera vez que escuchó hablar de Pinochet fue durante el Gobierno de Allende: “Era un general que tenía un cargo determinado, no me recuerdo exactamente de qué estaba a cargo, un general constitucional”. De allá al golpe de Estado. El 11 de septiembre, Balmes iba camino a La Moneda para reunirse con una delegación mexicana de cultura. Alcanzó a llegar a la plaza Baquedano, donde se enteró de la situación y se fue a la Facultad de Bellas Artes. “Supe rápidamente lo que iba a pasar, había unos amigos que me estaban esperando para preguntarme qué iba a pasar con el Consejo Universitario; yo le contesté que, por favor, no pregunten huevadas”.

El compromiso y el activismo político de Balmes antes y durante el Gobierno de Allende, junto a su cargo de decano de la Escuela de Bellas Artes, concluyeron en el exilio inmediato del “decano, el que se pegaba las farras con Allende”.

 

EXILIO FOR EVER

Desde el lejano 1939, cuando llegó a Chile en el mítico “Winnipeg” huyendo de Francisco Franco, Balmes se ve nuevamente forzado al exilio por otro dictador, Augusto Pinochet. Así que a finales de octubre de 1973, escoltado por el embajador de Francia en persona, en un bus escolar de la Alianza Francesa, se embarca en un anónimo vuelo rumbo a París, donde vivirá casi 10 años.

Desde 1974 se instala, junto a su mujer y su hija, en el mismo taller donde había trabajado Chagall, en la legendaria “Ruche” (la colmena), “un exilio en París viviendo en un lugar como ‘La Ruche’ puede parecer idílico; sin embargo, fue muy fuerte y doloroso, sobre todo para Gracia. Yo ya había vivido eso”.

Desde este lugar, en el cual trabajaron artistas como Léger, Modigliani o Soutine, Balmes, junto a un grupo de artistas, organiza una incansable y tenaz “resistencia pictórica” a la dictadura de Pinochet: “Permanecí muy activo contra al régimen, con muchos amigos, con muchos pintores; organizamos toda una labor de resistencia”.

En los años 80, gracias a la intermediación de la Unesco, Balmes primero y, después de un mes, su mujer, Gracia, y su hija, Concepción, pudieron volver a Chile. El regreso definitivo del artista ocurrió en 1985; él lo recuerda con gran nostalgia, ya que marcó el regreso para siempre de su padre a España. Su padre se había quedado junto a la madre de Gracia Barros, en la casa de Ñuñoa durante el exilio “Mi padre me dijo: ‘El exilio de usted ha terminado; bueno, el mío también, me voy a España’. Y se fue a morir a su pueblo”.

LOS GRITOS

Balmes opone el espacio, aparentemente anodino de las telas, a la sanguinaria represión militar de Pinochet, con la perentoriedad de su trazo, la vehemencia de su paleta y la implacable consistencia de los tantos objetos que pueblan sus cuadros. Cada cuadro narra una historia que no se puede callar, cada uno es el testimonio elocuente del momento histórico que lo parió. En su obra siempre hay una alusión a los hechos, los asesinos, los desaparecidos, la Constitución del ’80, las protestas, el atentado, el plebiscito. “Todo se refleja siempre en mi obra, siempre concibo mi trabajo en la medida de lo que pasa y de lo que nos pasa, ayer la dictadura, hoy Beirut”.

Pinochet está omnipresente en su vida desde 1973. Nunca lo ha representado físicamente en su obra. “Hay fechas, hitos, situaciones, pero nunca lo retraté o lo simbolicé, sería casi como hacerle un homenaje. La tierra, los restos de ropa de desaparecidos, todo esto es Pinochet, no se necesita su cara”. Le pedimos que pintara un retrato imaginario del general: “Si tuviera que pintarlo lo haría con una tela de color gris, y a letras cubitales le pondría ‘sin nombre’”.

De su detención en Londres opina que fue “una gran cosa que este personaje siniestro estuviera preso, se creía omnipotente”. De perdonarlo, ni hablar: “El perdón por un hombre así parece una especie de deber católico. No sé si en otro mundo, si es que existe, lo perdonarían. Hay gente que ha muerto, padres, madres, mujeres que han sufrido. ¿A quién le va a pedir perdón por todo eso?”.

Su muerte no se la cree, no por el momento. Quizás, lo que Balmes está esperando es, más que la muerte física de Pinochet, que muera esta especie de corte borgiana que se reúne para los cumpleaños y las hospitalizaciones, bajo los teatrales efectos de las cámaras de televisión, en una patética apelación de presentes y ausentes históricos para celebrar a un rey sin trono ni corona. Todos unidos como chilenos en un balmesiano “NO” a la aberración, a la ceguera política, a la devoción popular, y sobre todo “NO” a los 3.197 desaparecidos.

La Nacion 10 diciembre 2006

 

 

Se solo la vita fosse più bella

October 17th, 2013 | Posted by barbara in Arte | Cinema | Letteratura | Pensieri e parole | Pittura - (Comments Off)

Quando il silenzio sceglie di farsi voce è perché nell’aria qualcosa pizzica i nostri sensi, stuzzica il nostro appetito, scioglie le nostre riserve. È splendido piangere per un libro, tremare per una melodia, perdersi nell’intensità di un colore per poi ritrovarsi nel rigore di una linea, fremere per un scena vista in un film, mordersi 
le labbra per assaporare anche l’ultima goccia di quel bacio appassionato, non lavarsi per giorni quella mano che ha stretto colui che ammiriamo. Piccoli, semplici gesti privi di prezzo pieni di senso, grazie ad essi è meraviglioso constatare che i nostri sensi stanno solo trattenendo il fiato, grazie al cielo non sono morti asfissiati
 dalla nostra artificiale propensione per tutto ciò che si può comprare. Prima di lasciarsi nuovamente travolgere dall’immensa violenza che questa assurda apnea richiede alla nostra sofferta esistenza, assaporiamo l’aria fresca appena respirata, affiniamo l’udito, aguzziamo la vista, solo immagazzinando la ricezione e 
trattenendo la percezione riusciamo a ritagliarci questi piccoli spazi verdi: metri quadri rubati al monolocale in cui trascorre la nostra vita piatta, grigia, brutta. Stocchiamo emozioni perché forse siamo consapevoli di non potercele più permettere, sono lussi esosi, superflui passatempi d’altri tempi, inutili vezzi che rischiano di travolgerci lasciandoci indietro in questa vita svuotata di senso e riempita di oggetti, tutte cose che non possiamo più contenere e che finiscono per contenerci, zavorre che ci trascinano verso l’abisso oceanico, ali di cera che ci impediscono di spiccare il volo, barche a vela in un mare senza vento che ci proibisce di prendere il largo.


Vorrei camminare per Vienna con Freud, prendere lezioni di letteratura inglese con Tomasi di Lampedusa, assistere ad un happening nella Factory di Warhol, imbrattare i muri di New York con Basquiat, ascoltare Calvino dare corpo alle sue città invisibili seduti su un ramo dell’elce ove si è rifugiato Cosimo, essere la farfalla che batte le ali della poesia di Joseph Brodsky, servire il caffè a Pasolini e a Orson Welles mentre girano “La Ricotta”, essere Dora Maar che fotografa Picasso. Insomma vorrei che ci fossero più maestri da ammirare, ideali da seguire, libri da leggere, poesie da scrivere, uomini da salvare, donne da riscattare e bambini da entusiasmare. Vorrei che il mondo fosse diverso, che l’unica guerra da combattere fosse quella contro l’ignoranza che ci rende capaci dei gesti più atroci, vorrei che il mondo fosse più bello, di quella bellezza che non ha prezzo che risiede nelle parole, che si materializza in un quadro, che scivola nella musica e si afferma nel pensiero di coloro che la leggono, guardano, citano, imitano, deplorano, implorano.

Sono una donna d’altri tempi direte voi… forse lo sono… o forse questa morte apparente della cultura mi fa star peggio del mio portafoglio vuoto, delle mie scarpe bucate, delle mie ambizioni soffocate, poiché tutto quello che mi ha fatto sopravvivere finora, a parte l’amore dei miei cari, sono i libri che ho letto, i quadri che ho ammirato, le sculture che ho attraversato, i film che ho assaporato, la voce dei maestri che ho avuto la fortuna di ascoltare, le tante teorie che ho condiviso e le altre che non mi hanno convinto… insomma, per finire cari amici se la vecchiaia è uno stato cronico irreversibile, credo fermamente che l’ignoranza sia un letargo endogeno reversibile che aspetta solo una nuova primavera, se la libertà non ha prezzo, la schiavitù ha almeno sei zeri… arrestate l’avanzata del nemico e sfamate le vostre anime del divino cibo che sazia corpo ed intelletto, vedrete come improvvisamente tutto avrà più senso.

Tre domande al Sindaco di Palermo

September 22nd, 2013 | Posted by barbara in Palermo 2019 | Politica Culturale - (Comments Off)

Tre domande al Sindaco Leoluca Orlando

 

 

Forse una mossa infelice del sindaco…

September 17th, 2013 | Posted by barbara in Palermo 2019 | Politica Culturale - (Comments Off)

 Conferenza stampa

Oggi mi sono svegliata e sono rimasta inorridita nel leggere che ieri il nostro sindaco Leoluca Orlando aveva ospitato a Villa Niscemi (casa sua ma piuttosto casa nostra) la conferenza stampa di presentazione del progetto “€urexit”, ossia un nuovo movimento civico che promuove l’uscita dell’Italia dall’Eurozona. Ora, sogno o son desta, ma è lo stesso sindaco che ci ha candidato a Capitale europea 2019 e che organizza le feste campestri alla Zisa (ci si crederebbe dentro un quadro di Bruegel il Vecchio) per celebrare tale progetto, in nome di una cultura fast-food, mangiata e digerita in piedi che trova il tempo che trova, quando lo trova naturalmente poiché una volta digerita ben poco resta alla città e al progetto di una reale e duratura politica culturale. Insomma spero che non sia troppo tardi, che non ci siamo giocati la candidatura per sommossa e cospirazione contro la UE o semplicemente per una scelta infelice che potrebbe lanciare uno strano messaggio alla commissione che giudica le candidature: il messaggio di non credere completamente all’Europa. Ovvero spero che il nostro primo cittadino capisca che nella vita bisogna prendere delle posizioni e che esse vanno difese contro venti e maree, spero che tenga a bada la sua rinomata ospitalità per il bene della città, e che nell’anno in cui Palermo sta combattendo una battaglia per risorgere dalle ceneri, la fenice non perdi la guerra suicidandosi con dichiarazioni e apparizioni dell’ultima ora.

 

 

VIA CASTELLANA BANDIERA, LA STRADA DOVE PERSE LE SCARPE IL SIGNORE…

September 15th, 2013 | Posted by barbara in Arte a Parte | Cinema - (Comments Off)
 

Quando guardo un film per deformazione professionale mi soffermo sulle inquadrature, i movimenti della macchina da presa, la profondità di campo, la luce, insomma cerco di capire come il regista e il direttore della fotografia hanno scelto di occupare il campo visivo dell’osservatore. Cerco di reperire i dettagli, gli appigli visivi, le messe a fuoco e le sfocature che mi permetteranno di fissare la trama in una serie di piani sequenze che resteranno per sempre nella mia memoria ripensando a quel film, fatta premessa naturalmente che il film in questione riesca ad entrarci e restarci. Devo ammettere che Emma Dante e Gherardo Gossi in Via Castellana Bandiera ci hanno regalato delle scene di una poesia sfrontata e di una plasticità inquietante.

Samira

La mia preferita è senz’altro la scena iniziale interpretata da Elena Cotta: siamo al cimitero dei Rotoli, un primo piano sulle mani stanche di una donna anziana che bagna il pane e se lo mette in tasca, l’acqua scorre e con lei il tempo, il dolore scandisce silenziosamente la vita di quelle mani vecchie e stanche in un luogo che le vite le raccoglie, le custodisce, le annienta. Non ci guarda mai in faccia, è vestita di nero, potrebbe essere chiunque, una di quelle vecchiette a lutto perenne che affollano i nostri cimiteri, o il riflesso diafano delle nostre paure fattosi carne ed ossa. Dopo aver sfamato i cani randagi con il pane che aveva in tasca, la donna inizia a pulire una tomba, con un colpo di scopa spazza via le foglie e ci presenta il suo dolore, ha un volto e un nome: Thana Calafiore morta nel 2006 a soli 36 anni. Infine, si toglie le scarpe, insignendo al luogo la sacralità che gli spetta, e si sdraia pancia in giù sulla tomba. Cappella, moschea, sinagoga, luogo venerato dai suoi occhi profani, che racchiude il suo dolore sordo e lancinante e rinchiude il suo presente e il suo futuro nell’attesa che la Moira Atropo recida il filo del fato mettendo fine una volta e per tutte alla sua sofferta esistenza. Noi guardiamo commossi, insieme ai cani, cercando di non fare rumore, scorriamo con lei il tempo che si fa immagine, diventando silenziosi testimoni di una cerimonia che intuiamo ripetersi esattamente allo stesso modo dal maggio 2006, non vi è musica per accentuare la drammaticità del momento o per smorzarla, non ve ne alcun bisogno, siamo storditi dall’assordante rumore che il dolore di questa donna produce nei nostri cuori, ogni aggiunta sarebbe superflua distrazione. Di quella donna che corteggia la morte in seguito conosceremo il nome: Samira madre di Thana, nonna di Nicolò, suocera di Saro.

Samira3

Dopo il cimitero, si intravedono alcuni scorci del quartiere dell’Acqua Santa e Vergine Maria, si entra nella stretta via Castellana Bandiera, ai piedi di monte Pellegrino, lì due macchine si scontrano e due donne s’incontrano Rosa (Emma Dante) e Samira (Elena Cotta). Ognuna porta con se un carico di insoddisfazioni e fallimenti, Rosa sentimentali, evidente è infatti la crisi che la protagonista sta attraversando con la compagna Clara (interpretata da Alba Rohrwacher); Samira esistenziali, morta la figlia Thana la donna vive con la famiglia del genero, sfruttata ed ignorata da tutti tranne dal nipote Nicolò unica persona con cui riesca ancora a comunicare. I fardelli che le donne si portano dietro probabilmente quel giorno diventano insostenibili, li poggiano per terra e decidono di intrecciare le loro vite per sempre in un duello avvincente in sella ad una Punto rossa e una Multipla blu. Nello ristretto budello di una via dimenticata da Dio, un afoso giorno di scirocco, due macchine provenienti da opposte direzioni bloccano la strada, per sbloccarla una delle due macchine deve cedere il passo all’altra, in questo duello senza riserve le due donne sfideranno le proprie paure e affronteranno temerarie i propri destini, appassionando vicini e parenti, un universo a se stante fatto di uomini, donne e bambini che fanno da contorno con la loro corale teatralità a questa storia senza tempo, mettendo in luce slanci, limiti, passioni, generosità e bassezze di uno scorcio di mondo unico nel suo genere ma universale nel suo divenire.

Il nostro sguardo è rapito dal circoscritto scenario in cui si svolge la trama, come al teatro non vi è spazio per le distrazioni se non quelle concesse da chi sta raccontando la storia, i personaggi riempiono lo spazio scenico con il loro brusio, le loro chiacchiere, le loro suppliche, fanno da colonna sonora ad un film che sulla mimica dei personaggi ha puntato tutto. Il risultato è sorprendente, non vi è un momento dove l’attenzione scende e lo sguardo spazia altrove, rimaniamo inchiodati allo schermo/palcoscenico, la nostra attenzione è appesa al sottile divenire della storia scritta e diretta secondo logiche teatrali prestate al cinema da un artista a tuttotondo che riesce a fonderli, separarli, contrapporli. La regista è riuscita a circoscrivere il nostro interesse al divenire della storia come privata constatazione di fatti vissuti da altri ma di cui ci appropriamo lo spazio di un film. Nei ristretti limiti di una strada che si apre e si schiude come l’obiettivo della telecamera, capiamo che i limiti sono quelli mentali, bastioni insormontabili che poniamo tra noi e la vita: quelli che ereditiamo, quelli che decidiamo non oltrepassare per pudore o timore o semplicemente quelli che ci spettano per appartenenza geografica a un luogo che non abbiamo scelto ma che ci è stato imposto. 

In questo primo film Emma Dante porta al cinema il suo affermato genio creativo regalandoci un film che sposa l’immediatezza del cinema e la solennità del teatro, mettendo in scena personaggi in cui ci riconosciamo a da cui ci dissociamo, lo fa con un registro visivo e sonoro ibrido, bastardo figlio di un connubio meraviglioso che mi ricorda certi film e alcune pièces di teatro del geniale ed eclettico Sacha Guitry. Vi invito ad andarlo a vedere e sfido chiunque a non sentirsi coinvolto, identificato, inorridito, compiaciuto, divertito, con questo inno corale ad una palermitanità sgargiante, ad una volgarità soffocante e coinvolgente, che ci unisce e ci divide allo stesso tempo in popolani e tischi toschi in nome di una quotidianità che ci accomuna tutti sotto il sole cocente di una città metafora del mondo che pare non muoversi, per scelta testarda di non scendere a compromessi prima di tutto con se stessa.

Si ringrazia l’Ufficio stampa Istituto Luce Cinecittà per il materiale fornito.

Palazzo Abatellis, il Museo in umido

September 3rd, 2013 | Posted by barbara in Arte | beni culturali | management culturale | Palermo 2019 - (Comments Off)
Mio articolo sul drammatico stato di conservazione delle opere del Museo Abatellis di Palermo scritto per LinkSicilia e pubblicato il 2/9/2013, raggiungibile a questo link

 

CRONACA IN DIRETTA DEI DISASTRI DELLA REGIONE SICILIANA IN MATERIA DI CONSERVAZIONE E TUTELA DEI BENI CULTURALI

I fine settimana d’Agosto sono perfetti per gironzolare in città, Palermo si svuota, ed è piacevole riscoprirla attoniti dall’inaspettato silenzio che l’avvolge. Camminare subito dopo pranzo per esempio è un’esperienza quasi mistica, la città ti entra dentro…

A noi come a lei manca l’aria, il sole impietoso brucia i muri e scotta la pelle, e noi come lei giochiamo a nascondino con l’ombra cercando di non essere visti per non dover fare la conta. Camminando per via Alloro il portone spalancato di Palazzo Abatellis ci prende di sorpresa un sabato pomeriggio alle 14:00, travolgendoci in una visita pomeridiana inattesa e a dir poco surreale. Ecco la mia funesta visita alla Galleria Regionale di Palazzo Abatellis di Palermo, un sabato caldo e afoso d’agosto del 2013.

Entriamo, questo palazzo è un ricordo che è rimasto come imbalsamato nella mia mente di bambina, e ogni volta che vi entro la stessa identica sensazione riaffiora intatta e invade i miei sensi con il suo ostinato odore di naftalina. La naftalina conserva le cose, e a questa sensazione associo un luogo che dai tempi di Carlo Scarpa pare avere rinchiuso sé e le proprie opere in una sorta di scatola che solo apparentemente conserva intatti contenitore e contenuti. Apparentemente poiché la scatola si surriscalda al sole soffocando il contenuto e certamente non isola dal freddo lasciando i brividi percorrere materiali e uomini, in un continuo sbalzo di temperature e umori che lo rendono un luogo invivibile.

Scusate le metafore ricorrenti, ma cerco di far andare “la pillola giù” come direbbe Mary Poppins, infatti, una volta dentro ci si rende conto che dagli anni ’50 (anni appunto dell’intervento museografico del grande architetto veneziano 1953-1954 circa) questo luogo non è cambiato o quasi, e non importa se per farlo ha dovuto ignorare le regole minime della museografia contemporanea che esige, a ogni museo degno di portare questo nome, l’esposizione delle proprie collezioni in ambienti con condizioni microclimatiche ad hoc, conditio sine qua non alla loro conservazione, preservazione e tutela per le generazioni future, chiamasi : CONSERVAZIONE PREVENTIVA.

Premetto che la collezione della Galleria Regionale è straordinaria, ospita un numero considerevole di opere lignee che la rendono unica nel suo genere, se poi a queste si aggiunge il privilegio di ospitare capolavori assoluti della storia dell’arte occidentale quali l’Annunciata di Antonello da Messina, Il Trionfo della Morte del Maestro del “Trionfo della Morte” e il busto di Eleonora d’Aragona di Francesco Laurana, elementi che lo rendono un luogo da non perdere per un siciliano.

Abatellis_minia

Quindi, da siciliani visitare la Galleria Regionale di Palazzo Abatellis non è solamente auspicabile bensì doveroso. Ma nessuno può prepararvi alla sofferenza che questa visita comporta per ogni persona munita di un minimo di senso civico e amore per il proprio patrimonio artistico. Siamo ai primi di agosto, fuori ci sono 31° C con un tasso d’umidità del 71%, dentro ci saranno all’incirca 40° C con un tasso d’umidità pari probabilmente all’80%. Il personale ci accoglie sorridente malgrado manchi l’aria e l’umidità abbia reso i loro abiti umidicci e appiccicosi, e dopo avere empatizzato con loro sull’impossibilità di lavorare in tali condizioni, cominciamo a nostra volta ad inoltrarci in questa sorta di foresta amazzonica, spontanea manifestazione autoctona dovuta all’incuranza e alla mala gestione, cause tutte antropologiche e non certo climatiche.

Dopo la preoccupazione per le enormi opere lignee che si trovano nella prima sala, siamo rapiti dalla magnificenza del Trionfo della Morte, la disposizione mi ricorda vagamente quella del Cenacolo di Leonardo a Santa Maria delle Grazie a Milano, fatta eccezione che l’opera di Leonardo da Vinci è rinchiusa in un ambiente che mantiene un microclima ideale per la conservazione dell’opera e i visitatori vi entrano in piccoli gruppi e per un tempo ridotto.

Ora non esigiamo certamente l’efficienza lombarda nella gestione del patrimonio storico artistico, però ci si chiede come un’opera fragile come Il Trionfo della Morte possa trovarsi in una sala dove sia impossibile assicurare un microclima indispensabile alla sua conservazione. Per farvi capire in che stato di conservazione si trova l’affresco di Palazzo Abatellis, cito le parole dell’allora Assessore Regionale dei Beni Culturali, Ambientali e della Pubblica Istruzione, Raffaele Gentile, che già nel 1989, anno in cui l’opera ritornò da Roma dopo il lungo soggiorno presso l’Istituto Centrale del Restauro, scriveva: “Nasce qui l’idea della mostra didattica e della presente pubblicazione … intendono dare soprattutto conto degli interventi ultimamente effettuati su questo grande affresco dalle alterne vicissitudini conservative – un malato da sempre, diremmo, dalla salute cagionevolissima – e al contempo servono a farci prendere coscienza dell’ormai delicatissimo suo stato di conservazione, cui nemmeno il restauro stesso potrà ovviare in futuro senza l’adozione di preventive misure di cautela per la sua migliore salvaguardia.”

Continuiamo la nostra visita sperando che la situazione migliori e anche il nostro umore a dir vero. La nostra indignazione si trasforma man mano che percorriamo le sale della Galleria Regionale in sgomento e angustia. Al primo piano sono conservati i dipinti della collezione permanente, si tratta in prevalenza di opere lignee che vanno dalla croce monumentale di Ruzzolone e del Maestro di Galatina solo per citarne due, alla tavoletta di 45X 34,5 cm in legno di pioppo (legno tenero) dell’Annunciata di Antonello, senza parlare poi dello splendido trittico del Mabuse.

Ora, santo cielo, tutti sanno che il legno è un materiale estremamente igrospico, non vi spaventate, non è una parolaccia significa solo che acquista con molta facilità l’umidità dell’aria. Ovvero, questi dipinti hanno come supporto tavole di legno che si contraggono e si dilatano a seconda se cedono o assumono umidità (i legni teneri si muovono più di quelli duri), ciò vuol dire che questi movimenti continui del legno possono causare un’irreversibile deformazione del supporto che a lungo andare potrebbe anche risultare in una perdita per distacco dello strato pittorico, ragion per cui li si conserva in un museo assicurando loro un microclima ottimale ossia una temperatura costante di 18 ° C e un’umidità relativa al 60/65% (valori indicativi naturalmente).

Inutile dirvi che nulla di tutto ciò è garantito all’Abatellis, perché non ci sono i soldi, quindi uomini e opere sono vittime degli sbalzi termici che corrodono le opere e i nervi di coloro che nelle sale passano giorni, mesi, anni nell’attesa che qualcosa cambi.

Mi fa sorridere la relazione tecnica sui restauri dell’Annunciata di Antonello da Messina del 2006 a cura del Centro Regionale per la Progettazione e il Restauro della Regione Sicilia, poiché in essa si ribadisce la necessità di creare un microclima per accogliere l’Annunciata di Antonello da Messina ai fini di preservarla.

In questo opuscolo inoltre viene raccontato che dopo essere stata esposta al Metropolitan Museum di New York nel 2005 e alle Scuderie del Quirinale a Roma nel 2006 per la retrospettiva dedicata al grande pittore siciliano, i restauratori constatano quanto segue: “dalla comparazione delle indagini condotte prima e dopo la trasferta si è appurato che il dipinto non ha manifestato una particolare sofferenza durante le due esposizioni e ciò è sicuramente da ascrivere alle eccellenti condizioni microclimatiche dei due ambienti espositivi.” Bella costatazione: non ci sono ricette magiche ma criteri noti e accessibili a tutti coloro che volessero metterli in atto.

Allora cari amici se ne deduce che le opere forse sarebbe meglio tenerle altrove, in un posto dove sappiano prendersene cura, dove il Direttore del museo che li ospita si faccia carico delle sue responsabilità e assuma pienamente il suo ruolo, ovvero quello di essere il garante dell’attività del museo e il responsabile diretto ed indiretto della intera rete di relazioni e funzioni proprie al museo (Carta Nazionale delle Professioni museali, 2005), senza fatalismi né esemplificazioni.

Certamente dirigere un museo è un lavoro difficile che necessità devozione e competenza, attenta gestione dei fondi disponibili e reperimento di quelli necessari al buon funzionamento dell’istituzione e soprattutto alla salvaguardia del patrimonio in esso custodito. Da sempre, in Sicilia dirigere un museo è anche interloquire con la politica che li ha nominati garanti di quel patrimonio supplendo alle mancanze e denunciando le inosservanze.
Sono tornata a casa pensando alle meravigliose mani dell’Annunciata di Antonello, me le sentivo addosso quasi volessero condividere il dolore insostenibile di questo continuo dilatarsi e ritirarsi del supporto ligneo che le accoglie.

Senza parlare poi delle tavole raffiguranti i Dottori della Chiesa esposte nella stessa sala (San Gregorio Magno, San Girolamo e Sant’Agostino), sembrava quasi che chiedessero a me perché proprio a loro fosse toccata la sede di Palermo, e non gli Uffizi o Palazzo Sforzesco dove sono conservate (sane e salve) le altre parti del Polittico dei Dottori della Chiesa.

Non sapevo cosa rispondergli, forse devono anche guadagnarsi l’epiteto di “martiri della chiesa”, o allora potrebbero chiedere un trasferimento alle autorità di competenza. O forse, tocca a noi tutti essere più consapevoli delle responsabilità di cui ci facciamo carico a discapito di quelle che ci lasciamo scivolare addosso, forse proprio noi animati da un dovere civico ormai scomparso in nome di un individualismo che ci rende ciechi, sordi e muti, dovremmo apportare il nostro piccolo contributo nella salvaguardia del nostro patrimonio, quello che vorremmo trasmettere intatto ai nostri figli e ai figli dei nostri figli, non fosse altro che queste poche righe.